
El ozono, que existe de forma natural en la troposfera, no supone ningún riesgo para la salud. Sin embargo, si a éste se le suman determinadas emisiones producidas de forma artificial, es cuando se puede convertir en un problema de contaminación atmosférica grave. Y esto ocurre durante el día al repostar.
El ozono penetra por las vías respiratorias, provocando irritación en las mucosas y los tejidos pulmonares.
Según la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación de Madrid, repostar gasolina de noche contribuye a mejorar la calidad del aire que respiramos, ya que algunos de los principales contaminantes que generan el ozono troposférico se activan al respostar bajo la luz solar y no a la luz de la luna.